Crítica a la normalización de conductas de abuso en el espectáculo
La columnista Verónica Malo cuestiona la narrativa pública de figuras como Luis de Llano, señalando la persistencia de mecanismos para minimizar actos de abuso.

La opinión pública mexicana ha retomado el debate sobre los límites de la fama y la responsabilidad ante señalamientos de abuso, a raíz de las recientes intervenciones mediáticas de figuras como el productor Luis de Llano. La analista Verónica Malo ha enfatizado que no debe existir espacio para el romanticismo o la justificación cuando se analizan conductas de pederastia, señalando que el uso de la influencia personal busca edulcorar hechos que han sido denunciados formalmente.
El núcleo de la crítica reside en la forma en que diversos personajes del ámbito artístico gestionan su imagen pública tras ser señalados. Según Malo, lejos de mostrar a una figura destruida por las circunstancias, se observa a un hombre que utiliza su trayectoria y sus recursos mediáticos para construir una narrativa defensiva. Esta estrategia, según se plantea, intenta desviar la atención de la gravedad de los hechos originales hacia una supuesta victimización del agresor.
Este fenómeno no es aislado, pues refleja una tendencia en la industria del entretenimiento donde la celebridad suele funcionar como un escudo contra el escrutinio social y legal. La discusión invita a reflexionar sobre cómo la sociedad mexicana procesa las denuncias de abuso, cuestionando si la admiración por el trabajo artístico debe condicionar la severidad con la que se juzgan actos de violencia sexual cometidos en el pasado.
La postura de la analista subraya la importancia de mantener una distancia crítica frente a los discursos que buscan normalizar el abuso bajo la premisa de la genialidad creativa o la nostalgia. La exigencia social, en este sentido, se inclina hacia la priorización de la justicia y la dignidad de las víctimas, evitando que el poder mediático sea utilizado para reescribir la historia en favor de los victimarios.
Finalmente, el debate pone sobre la mesa la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección y acompañamiento para quienes denuncian. La crítica de Malo resuena en un momento donde las instituciones y el público mexicano muestran una mayor sensibilidad hacia la violencia de género, exigiendo que las figuras públicas asuman las consecuencias de sus acciones sin recurrir a la edulcoración de su historial personal.


