El contrabando de camarón en la frontera sur preocupa a productores mexicanos
El ingreso ilegal de camarón de granja desde Centroamérica afecta gravemente la rentabilidad de los acuacultores nacionales, quienes piden mayor vigilancia fronteriza.

El sector acuícola mexicano enfrenta una crisis de competitividad debido al incremento del contrabando de camarón proveniente de países vecinos, particularmente detectado en la frontera sur. Héctor Calderón Hallal, analista del sector, ha señalado que esta problemática genera una competencia desleal para los productores locales, quienes deben cumplir con estrictas normas sanitarias y arancelarias que los productos de procedencia ilícita evaden sistemáticamente. Esta situación ha sido denunciada por organizaciones de pescadores y granjas acuícolas ante la necesidad de proteger el mercado interno.
La dinámica del contrabando se facilita por la porosidad de la zona fronteriza, donde grandes volúmenes de camarón de granja ingresan al territorio nacional sin certificados de sanidad ni el pago de impuestos correspondientes. Según reportes de productores, el producto ingresa a menudo bajo esquemas de triangulación que dificultan su trazabilidad, complicando las labores de inspección que realizan las autoridades federales. Esta entrada descontrolada presiona los precios a la baja, afectando los márgenes de utilidad de quienes operan bajo el marco legal en estados como Chiapas y Tabasco.
Ante este panorama, diversos sectores productivos han solicitado a la Secretaría de Marina y a la Guardia Nacional reforzar los operativos de vigilancia en las rutas de trasiego terrestre y fluvial. Se ha propuesto fortalecer la coordinación con el Servicio de Administración Tributaria para incrementar las revisiones en las aduanas y puntos de inspección fitosanitaria. El objetivo es frenar el ingreso de cargamentos que no cumplen con los protocolos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
La preocupación central radica en los riesgos sanitarios que implica la introducción de crustáceos sin control, los cuales podrían portar enfermedades capaces de devastar la producción acuícola nacional. Los productores han manifestado que el modelo de vigilancia aplicado en países como Guatemala, que ha implementado esquemas más estrictos de control fronterizo, podría servir como referencia para las autoridades mexicanas. La exigencia es clara: garantizar una competencia equitativa que permita la subsistencia de miles de familias que dependen de la acuacultura en México.


